En estos últimos ocho años -entonces- vine a confirmar que es este el mejor disco de Gabriel para mi gusto, así que me hice de la edición remasterizada en vinilo de 180g de 2016, que hace honor al ya espectacular sonido del original de 1980 producido por Steve Lilliwhite

 

 

 

 

 

A este album no le falta ni le sobra nada.  Tocan la guitarra Robert Fripp y David Rhodes (que lo sigue acompañando al día de hoy) Tony Levin (también) ya aparece con el Stick y Phil Collins la rompe casi sin platillos, y con un sonido que patentó a partir de este album.  El de la Rock Superstar decía que había distintos estilos y climas pero no tenía temas ‘alegres’, y es cierto.  O de última los temas mas ‘arriba’ como I Don’t Remember o el propio Games asoman la cabeza sobre el ambiente angustiante y opresivo. Pedrito te asfixia durante nueve canciones hasta que el mantra de Biko te pone en otra onda.  La tapa con la cara derretida acentúa el clima, y letras como la de No Self Control también: “Siempre hay silencios escondidos acechando detrás de la silla. Vienen cuando no hay moros en la costa, y se comen todo lo que se mueve”..  ¿Sin autocontrol o completamente de la cabeza?

Ni este disco ni ninguno de los demás de Gabriel salvo Live Blood de 2012 están en Spotify, y ahora veo que acaba de salir otra reedición de varios de sus primeros discos (incluído este) en dobles LP de 45rpm, persiguiendo seguramente una excelencia en el audio.  Igual el sonido de los vinilos 2016, como ya dije, es buenísimo.

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